Odio que me miren

Odio que me miren de reojo cuando escribo.

Odio todavía más que lo hagan y luego vengan a preguntarme qué hago.

Odio cuando en esas primeras líneas en las que las palabras no brotan y las que salen no son más que bazofia, alguien tiene sus ojos pegados a mi nuca. Boicoteando esos minutos iniciales en los que todo son miedos, deseosos de invadirme y con la única intención de que deje de escribir para que de nuevo me esconda.

Ahí.

Donde es más seguro.