RETO Día 1: La serenidad del que sabe.

La invadió una serenidad repentina. Después de tanto tiempo dandole vueltas al mismo tema al fin sabía qué era lo que tenía que hacer. No iba a ser fácil. Jamás lo era. No obstante, en lo más profundo de su alma, la calma había encontrado su lugar al fin y saboreó esa paz que solo logra el que sabe que elige el camino correcto.

La brisa del mar le acariciaba suavemente la cara, abrió los ojos y empezó a andar.