Esas normas establecidas.

Muchas veces tengo la sensación de ir a contracorriente. ¿Te ha pasado a ti alguna vez? No quiero dar charlas morales ni criticar a la sociedad existente, pero hoy tengo la necesidad de expresarme y gritar a los cuatro vientos que me dejen en paz.

Igual también quisiera llamar a esa sabiduría que te viene de repente, como inspiración divina, y te da soluciones a tus quebraderos de cabeza. Esas “ralladuras” mentales que te fastidian el día.

No es que quiera salir del sistema de sociedad establecido por ser una rebelde sin causa, que va, no lo soy. Me gusta vivir en pisos bonitos, comprarme ropa, salir a comer bien…

No, no soy una rebelde.

Para nada.

Solo digo que soy más feliz siguiendo mis propias decisiones y mis propios valores. Suena fácil decirlo, estoy segura que muchos pensarán “ah claro, si eso es lo que hace todo el mundo, es un pensamiento muy lógico”, pero es mentira.

Estoy harta de oírlo.

La sociedad actual te dice cómo tienes que vivir, quién tienes que ser, cómo debes comportarte. Sé buena, ten un marido, cómprate una casa, límpiala, ten hijos porque esa es tu misión en el planeta, cómprate un coche, trabaja, trabaja y trabaja, da igual que tu trabajo no te guste, lo importante es el dinero seguro, no aspires a ser alguien, no corras mucho no te vayas a caer.

Hay tantos tópicos establecidos, tantas normas no escritas pero latentes en el aire… que cuando no lo haces, porque no quieres, eres un bicho raro. Así que poco a poco te alejas del resto de los mortales y acabas vagando por la tierra en busca de otros seres extraños como tu.

Igual es por ello que han dicho toda la vida que los artistas están locos… porque son unos idealistas de sus propias vidas.

No me considero loca por querer dibujar, escribir o leer en mis horas libres.

No soy rara por no querer que mi príncipe me salve y ser lo suficientemente fuerte para matar a mis propios dragones, defender mi castillo y luchar por conquistar nuevos territorios.

No soy menos mujer por no querer casarme, ni tener niños… y no soy egoísta por ser feliz así.

Aunque a veces me hacen dudar.

Y dudo.

No dudo de mis valores sino de la existencia.

Y es entonces que me sumo en una especie de pena extraña con un ligero halo de soledad en el alma. Esa que muchos dicen que se siente cuando estas rodeado de gente que te quiere, pero que en el fondo no te entienden y tienen la esperanza que un día, de repente, como inspiración divina, recobres la razón y vuelvas a la norma.