Fuera hace frío.

Todavía es temprano para algunos, tarde para otros.

Llego a casa, agotada de toda la noche. Tú hace horas que duermes.

Durante la noche he pensado un rato en nuestras cosas. Las buenas y las no tan buenas. También en las malas.

Saludo a la perra. Dejo las cosas. Me quito la ropa.

Sin duda hay cosas tuyas, mías, nuestras, que me dan mucha rabia. Que me duelen. Que en ocasiones me hacen dudar. Dichosa manía la mía de buscar una normalidad en algo que de por sí debe ser anormal.

Entro despacio en la habitación, para no despertarte. Casi de puntillas. Nunca he sido muy silenciosa a pesar de haberlo intentado. Te has dormido en mi lado de la cama. Siempre dices que es para que lo encuentre caliente al llegar.

Hay muchas cosas que no comprendo de ti. También hay muchas otras que sí entiendo y por eso no te las digo. Porque son tus heridas, con tus tiritas. Todos tenemos las nuestras, grabadas a fuego. Esas heridas, ya cicatrices, muchas veces sangran al chocar unas con otras. Supongo que es cuestión de comprender.

Comprenderte.

Comprendernos.

En un fragil desbelo notas que estoy aquí, que ya me acuesto. Me dejas sitio. Me abrazas, me tapas, me das calor.

Y es entonces cuando todo desaparece.

El agotamiento, las dudas, las heridas… Todo se evapora en un micro segundo.

Y es entonces cuando sé, que por muchas marcas que tengamos, éste amor, grande, dulce y tranquilo, las va curando todas.

Escrito por:loslunesperros

2 respuestas a “Calidez de invierno.

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