Mi mente es un torbellino. Siempre lo ha sido.

Sólo aquellos que se eclipsan con cualquier cosa sabrán a lo que me refiero: puede ser un rayo de luz, un comentario de alguien cualquiera, una taza floreada en un bar, un trozo de papel encontrado en el suelo, una fila de palomas cagandose en un mismo balcón… mi cabeza es un procesar de información constante que no descansa. Siempre deseosa de saber, imaginar, encontrar posibilidades…

A veces trabajo por la noche.

Sólo aquellos que han hecho un turno de noche saben lo duro que es: el dormir de día con los vecinos picando al timbre, las comidas a horas extrañas, aguantar el sueño, regular el sueño, acostarse cuando otros se levantan, irse cuando los demás se quedan en el sofá viendo Dexter, el despiste que se acentúa al pasar los días, el cansancio físico…

Sin embargo, encuentro una única cosa mágica en éste turno en concreto. Mi mente, exhausta, llega un momento en que para. El torbellino frena, el sonido queda en pausa y, por fin, solo escucho la nada.

Una nada placentera.

Relajante.

Escrito por:loslunesperros

Un comentario en “La mente y el turno de noche

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