Cohetes a la deriva y una perra adorable.

Mi cerebro va siempre a mil revoluciones por minuto. Es un defecto o una virtud, según se mire. No es que mis pensamientos vayan por delante de mi misma, sino que la  intensidad que tienen son como un cohete espacial en su propulsión al espacio.

Y eso es lo que me pasa. Que me he desenganchado del cohete y me he quedado flotando en el espacio, sin correa de unión. Como en las películas. A la deriva.

Así que he llegado a la conclusión de que voy a abstenerme de dar vida a mis ideas y proyectos de renovación hasta dentro de unos días. Hay muchas preguntas que tienen que encontrar respuesta. Y por una vez en la vida, voy a ir en contra de mi propia naturaleza… voy a frenar y a esperar.

Flotando en el espacio.

Chocando con la basura espacial.

Igual en uno de esos choques encuentro una cuerda que me devuelva a la nave.

A la mía renovada.

O tal vez a una nueva.

Mientras tanto, voy haciendo cositas en modo automático, sin pensar, dejándome llevar. Qué mejor que empezar por plasmar a mi más fiel amiga, aquella que siempre me acompaña, me alegra y me hace reír al mismo tiempo que me llena de húmedos lametazos. No hay amor más grande y puro que el de tu perro.

 

 

20180304_224159.jpg