La evolución de los impacientes.

Aprendemos y cambiamos casi sin darnos cuenta. Siempre que tengamos la voluntad de ello, claro.

En ocasiones creemos que todo el esfuerzo invertido no vale la pena. Nos frustramos, sobretodo, si somos impacientes. Yo lo soy mucho. Tiendo a tirar la toalla rápido.

Sin embargo, si insistimos de forma incesante, un día, de repente… PAM! una nueva cima se alcanza. Sin esperarlo.

Te recuerda que no te debes rendir.

Una vez, Jose me dijo que lo que le impulsaba a levantarse por las mañanas era el AMOR. El amor como motor para las acciones, por las personas a las que quieres, por aquello que sueñas, el amor por la vida…

No le entendí entonces.

Hasta hoy.

El AMOR, sin duda, da alas.

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