Todavía hoy, después de muchos años, me sorprendo pensando en cómo sería la vida si tu estuvieras aquí. Muchas cosas serían distintas.

Para algunos, quizás mejores.

Para otros, tal vez no.

Sentada a la mesa de siempre, rodeada de mi gente conocida, todo me parece muy lejano. Muy irreal. Como si fuera una extraña dentro de mi hogar. Por lo menos aquel que una vez durante mucho tiempo lo fué.

Es como si viera una película sentada en el sofá. Ajena a la acción.

Me vienen a la mente esas pequeñas aventuras que siempre corría contigo. Los paseos a caballo, las películas imaginarias en parques en construcción, las carreras en bicicleta, las cabañas en el río fabricadas a base de cañas, las huidas siempre engañosas de aquellas comidas desagradables y de las telenovelas de sobremesa llenas de chismes en Granada. Las patatas fritas de los desayunos especiales, las cenas de natillas con galletas y los túneles de migas de algunos domingos de verano.

¿Dónde quedaron todas esas pequeñas cosas? ¿Cuándo cesaron los sueños, las palabras, las aventuras? ¿Cuándo compraron las cuerdas para atarnos a un determinado plan?

¿Recuerdas cómo te reías cuando le decía a Noe que era una niña mimada?. ¡Cúanto se enfadaba! Ella vestida con sus zapatitos de charol en la montaña, y yo, manchándola de tierra y agua.

Recuerdo nuestras discusiones y enfados por quién era más cabezota. Odiaba tu impaciencia nerviosa al explicarme los problemas que no lograba entender. Esa manía tuya de decir que “todo se podía mejorar” aunque ya fuese excelente. Esa manía mía de batallar por la igualdad en las tareas domésticas de la casa, porque si tu no las hacías, tampoco las tenía por qué hacer yo.

Hablabas poco. Sabías mucho.

Debería haberte preguntado más.

Me faltó tiempo.

Supongo que me contagiaste tu espíritu creativo, tu fortaleza, tu inventiva, tus ganas de estar siempre en movimiento dando forma a las ideas. Tu pasión por los animales, el amor por el olor a tierra mojada y ese deseo de explorar el mundo. Deseo al que tuviste que renunciar pero que, en el fondo, te quedó anclado en un rinconcito del corazón.

Siempre decías que querías ver Argentina…

Me mostraste, sin tu quererlo, que el tiempo en ésta vida es limitado y que hay que vivirla llenándola con aquello que te hace feliz. El mañana que esperamos puede no llegar nunca. Así que no importa lo que los otros opinen, siempre hay que ser fiel a uno mismo. Me ha costado muchos años entender ésta última parte.

Me enseñaste a pintar paredes, a collar estanterias, a construir Belenes y casitas de muñecas. Eras el creador de todo aquello que se te pidiera, no importaba el qué, tú ideabas el cómo y le dabas vida.

Sin embargo, papá, hay algo que jamás construiste.

Una escalera tan larga y tan alta, que al tocar el cielo pudiese subir a verte y contarte, de vez en cuando, como ha ido cambiando la vida desde que no estás aquí.

Escrito por:loslunesperros

15 comentarios en “Carta a las nubes.

  1. Qué decir!
    Precioso. Me ha llegado al alma.
    Él nos ha dejado, cómo dice un amigo, un gran legado que podemos continuar cada una a nuestra manera. Nunca será lo mismo, pero él sigue en nosotras.

    Le gusta a 1 persona

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