Bajo el sol del verano

Hoy me he parado a contemplar los restos de lo que hasta hace poco era mi mundo.

Allá donde alcanzan a ver mis ojos solo quedan ruinas y cenizas. Cual batalla medieval, ésta ha derribado todos los castillos y únicamente deja visible grandes extensiones de tierra arrasada y densas cortinas de humo negro.

Cierro los ojos.

Graznan cuervos buscando tesoros. Más allá de eso no hay nada.

Silencio.

Parece ser que terminaron los combates, las llamas, las catapultas vertiginosas, las luchas, los miedos…

Respiro hondo. Siento la calidez del Sol abrazando todo mi cuerpo y gran parte de mi alma.

Me gusta esa sensación. Es tan placentera…

Abro de nuevo los ojos y entre todas esas ruinas estas tú. Sonriente, sostienes en una mano un haz de luz cargado de música y poesía, y en la otra, una pala y unas semillas de margaritas. “Construyamos un mundo nuevo”, me dices.

Y yo, embriagada de licor de mariposas, me siento volar…