La música del alma

Es curioso cómo,

sin que la razón sepa,

el alma lo sabe todo.

 

En éste mundo loco y poco afectuoso,

que cambió,

casi de repente,

las canciones de amoríos eternos

por otras de despechos agónicos;

el alma escribe bandas sonoras por su cuenta.

 

O tal vez ya estaban escritas.

Quién sabe.

 

Yo, que ya no creía en el amor,

ni en los romances, ni en las personas,

es curioso como,

sin que la razón supiera,

aquella noche,

mi alma decidió parar el tiempo.

 

O tal vez solo lo ralentizó.

Quién sabe.

 

En una oscuridad bañada de azules eléctricos

y conversaciones banales,

de repente,

todo cambió,

porque aunque la razón no sabía,

al cruzar tu mirada con la mía,

el alma ya tocaba su obra magistral.