Cógeme la mano.

Cógeme la mano y salgamos de aquí. Llévame a un lugar donde las guitarras suenen rasgadas por viajeros de pelo largo y el aire huela a cerveza de barril. Dónde el tiempo lo marquemos nosotros, a nuestro propio ritmo, y no un objeto atado a la muñeca (o a la mano). 

Salgamos corriendo. Huyámos lejos sin mirar atrás. Dejémos las ataduras impuestas por un mundo cada vez más enfermo de egos heridos, de frustración agresiva y de amores desalmados. ¿En qué momento el ser humano se extravió a sí mismo? ¿En que momento se desconectó de su alma y perdió su sentido de vida? Construyámos un mundo que sea sólo nuestro, ajeno a la neblina que amenaza con cegarnos. Un mundo cálido, acogedor, único… lleno de pequeñas lucecitas anaranjadas que tintineen mientras hacemos el amor.

Volémos a algún lugar remoto donde los amaneceres huelan a sal y los atardeceres a hierba mojada. Rompámos los cánones, los estereotipos, los “debería ser”, los convencionalismos… rompámos con las normas impuestas y hagámos nuestras propias leyes. Llenémos nuestras vidas de polvo de mariposas, que algunos dicen que éstas al final se van, pero yo digo que el polvo que dejan siempre se queda, dentro de una cajita en el corazón, atada con un hilo rojo.

Cógeme la mano y salgámos de aquí. 

Y no me sueltes.

Nunca.

Sketch probando superposiciones de imágenes.