La Jaula Dorada

Hay prisiones que no tienen barrotes. Tienen sus carceleros, sus peleas sexistas y sus guerras de patio pero jamás dejan sangre ni huellas físicas. Es más, tienen una recompensa en monedas.

Es como un agradecimiento a tu paciencia o un soborno para que no te marches.

Una Jaula Dorada.

Y te quieres ir, por supuesto, es lo que más deseas en el mundo pero la sociedad tal y como está montada no te lo permite. Le das vueltas y vueltas y siempre acabas con la misma pregunta: ¿realmente vale la pena?

El tiempo pasa y te resignas. Sigues luchando en tu jaula día tras día y sintiendo más de una vez que te falta el aire y no puedes respirar y cada vez te pasa más a menudo y sueñas que gritas fuerte y armas un escándalo y disparas a diestro y siniestro para que te diagnostiquen de loca y no te hagan volver a ir.

Y al fin poder ser libre.

Pero no te vas.

Te puede más la recompensa.

Eres un esclavo a voluntad.

¿Hay otra manera?